viernes, 20 de agosto de 2010

Blog de teatro La Diosa Blanca
de Ignacio Apolo

Sobre AURELIANO, de Román Podolsky
El sábado fui a ver AURELIANO, de Román Podolsky, al Abasto Social Club (Humahuaca 3649 / 4862 7205) Los sábados a las 21.

La caja
En 1997, en el mítico Callejón de los Deseos, Luis Machín y Alejandro Catalán, bajo la dirección de Omar Fantini, estrenaban una extrañísima pieza teatral que se convertiría en un clásico probado por una rúbrica curiosa y, a mi juicio, inédita: su público, a lo largo de los años, la rebautizó bajo otro nombre. La obra en cuestión trataba sobre dos queribles personajes de lenguaje y cuerpo quebrados, que trataban, dentro de una caja que alguna vez contuvo una heladera, de reconectar un aparato doméstico –probablemente una TV con antena aérea-. Debido a un cortocircuito, uno de ellos pasaba a la otra dimensión –al más allá-, y desde allí permanecía conectado en escena. La obra se llamaba Cercano Oriente y, personalmente, nunca desde entonces volví a ver a dos actores concibiendo y ejecutando con tanta precisión un lenguaje alternativo de semejante eficacia. Sólo chispean en mi memoria, por distintos motivos –siempre celebratorios- un fragmento de Varios pares de pies sobre piso de mármol (aquella versión de obras de Pinter que Rafael Spregelburd adaptara un año antes, en el Centro Cultural Borges, con el inefable Machín de protagonista), en el que Luis jugaba, vestido de smoking, a una especie de ping pong con pelota de tenis. También un fragmento de La pesca, de Ricardo Bartís, donde el mismísimo Machín salía al balcón a remedar a un Perón de manos amputadas que saludaba, risueño, a los “compañeros” en la plaza. Y, por supuesto, a Carolina Tejeda, sola en la planicie y en el tiempo, desgranando Harina, de Podolsky.
Cercano Oriente, la querible, la inolvidable, fue rebautizada como “La caja”, y la dupla Catalán/Machín la siguió ofreciendo aquí y allá, en un rincón de Buenos Aires, en una sala de Rosario, en una gira por Francia, en Caracas, en España, hasta 2005. Desde entonces, guarda silencio.
Harina (2005, de Tejeda y Podolsky - click sobre el nombre) se organizaba en una casa cuadrada con una especie de ventanal cuadrado, y dos espacios que referían el recorte en la llanura perdida del tiempo y el olvido. En Aureliano regresa esa caja escénica cuadrada que recorta el espacio, con el ventanal ahora al costado, por el cual sólo puede huir el recuerdo, para volver. Y porque esta obra es consciente de su teatralidad y de sus referencias, la caja, la caja de cartón, la de las heladeras y los hombres refugiados en ellas, retorna como cita y como imagen, junto al colchón y la vida de la mujer que narra.

Síntesis Argumental
Una mujer de mediana edad acaricia recuerdos y los interroga. Sola con su colchón, sus vestidos y su planta, permanece acompañada. La compañía es la palabra, el pensamiento, la música y un cuerpo incómodo y secreto.

El tiempo
No es casual la insistencia sobre Harina, ni en este artículo sobre Aureliano ni en las reseñas de la crítica y la prensa. Aureliano comenta Harina. La primera establece un lenguaje, un modo de decir, un modo de habitar, un modo de teatralizar. Aureliano, al comentarla, lo indica, lo establece. Digámoslo como fórmula: como el Kafka de Borges, Aureliano crea a su precursora. La sensación es aquella: en cualquier momento el vestido se transforma en diapositivas, la planta en harina, Roxana en Carolina.

Por qué subimos una montaña
Comparativamente, la primera es el clásico, la segunda una variación. El valor es el lenguaje, que Román cristaliza. Se lo discuto a cualquiera. Aureliano tiene momentos mágicos, perlas como la reflexión metafórica sobre el trekking o ese destilado perfume chik lit de la relación entre los vestidos y los estados de ánimo. También tiene momentos de fuerte incongruencia, como la conversión en cuerpo=chamamé de lo que era una vaga y notable referencia fronteriza al Paraguay. Insistir en la figuras hasta tornarlas ilustrativas es un riesgo asumido pero ese riesgo vale la pena: también se lo discuto a cualquiera. El “modo Podolsky” –como aquella matriz Open House de principios de la década que se recicla en todo o como las variaciones sobre Raymond Carver que saturaron los 90 y salpican el presente- merece ser seguido de cerca. Yo lo sigo.
Paraguay y el catchParaguay es la frontera evocada. Harina era el desierto de Sarmiento, que murió en el Paraguay. Aureliano es El viaje de Chihiro, que nos retorna al living. El cuerpo masculino es muy raro, pero es innegable: está allí, y emite su diferencia. La caja golpeada por una tela femenina que provoca la huida de un varón por la ventana lo justifica todo –incluso el catch, que se me escapa-.

Berco y Pecoraro
Esto es anecdótico y notable. Vinieron a la función China Zorrilla, y también Susú Pecoraro. No me digan que Roxana Berco y Susú no parecen hermanas. Son una talentosa variación, una de la otra y viceversa. De lo mejor.

Ignacio Apolo

martes, 17 de agosto de 2010

Reestreno en el Abasto Social Club
14 de agosto 2010

Fotos Vero Alocati

jueves, 22 de julio de 2010

NUEVA TEMPORADA
ARRANCA EL 14 DE AGOSTO
EN EL ABASTO SOCIAL CLUB
TODOS LOS SÁBADOS A LAS 21:00HS.

sábado, 1 de mayo de 2010

Crítica
ámbito financiero
30 de abril de 2010
Por Patricia Espinosa

lunes, 26 de abril de 2010

Crítica:
Blog Escena 71

Aureliano

"Las palabras arman y desarman"

Por Florencia Paz
Una mujer atraviesa la significativa instancia de una mudanza. En un espacio despojado, interrumpido por un colchón y una caja, comienzan a surgir los pensamientos y los recuerdos. Las sensaciones se instalan en el cuerpo, para luego salir de manera fluida y sutil, al ritmo de la música proveniente de un piano intermitente. Intermitente es la palabra que define, no sólo a la música, sino a su hacedor, quien entra y sale de escena, espantado por un par de golpes, atraído por un abrazo, con ganas de abrazar y dejar que le susurren al oído, con ganas de luchar y fundirse en una pasaje sexual coreográfico.Román Podolsky, que ya ha trabajado el género del unipersonal femenino en Harina y Por supuesto, vuelve a profundizar en el universo “gineceico”, pero en este caso la propuesta incluye la figura de un hombre, el pianista y actor Mariano Pérez de Villa, quien interpreta su instrumento con cadencia y elige un repertorio original, que aporta a la creación de climas.
Román Podolsky vuelve a profundizar en el universo “gineceico”, pero en este caso la propuesta incluye la figura de un hombre, el pianista y actor Mariano Pérez de Villa, quien interpreta su instrumento con cadencia y elige un repertorio original, que aporta a la creación de climas.
Estos climas implican interesantes descripciones, que utilizan logradas palabras para transmitir olores, situaciones, colores y sentimientos. En ese sentido, Roxana Berco, permite trasladar con facilidad al espectador a lugares insospechados. Entonces el viaje parte hacia sitios tales como un pozo, con aires densos o un exterior con cielo nítido. Pero también, sus palabras invitan a adentrarse en su más íntima subjetividad y ese es el momento en el cual aparecen preguntas existenciales, que atraviesan la temática del amor, como instancia profunda, como mensaje, como necesidad. Ahí es donde la propuesta de Aureliano se hace visible, como punto en la niebla cotidiana. Ahí es donde se abre una instancia femenina distinta y sale a la luz la posibilidad de atravesar y ser atravesada por una relación no rígida, con presencias y ausencias. El riesgo y las ventajas que ameritan el caso, son transitados con tranquilidad, sin reproche, sin caer en un lugar común.Desde este lugar, cotidiano y extraordinario a la vez, Aureliano propone abordar cuestiones tan humanas como por ejemplo experimentar desinterés al llegar a una cima o evaluar cuándo la sanación conlleva el daño.El espectáculo experimenta la consecución de pasajes, todos finalizados con un toque de efecto, pero siempre sumido en un equilibrio consciente, salvo en el caso del son paraguayo, que se extiende demasiado y pierde el sentido de ruptura inicial. Estos climas implican interesantes descripciones, que utilizan logradas palabras para transmitir olores, situaciones, colores y sentimientos. Roxana Berco, permite trasladar con facilidad al espectador a lugares insospechados. Los objetos, tales como una planta, ciertos vestidos, una soga interminable o la cabeza de un maniquí, son importantes, porque logran expresar la manera en que la mujer compuesta por Berco, construye su gran mundo privado. La musicalidad aparece también en forma de canción, conformando un espectáculo accesible para almas sensibles que deseen adentrarse en recovecos formados por palabras y melodías.

Aureliano
Autor y director: Román PodolskySobre textos de: Roxana Berco y Mariano Pérez de VillaIntérpretes: Roxana Berco y Mariano Pérez de VillaDiseño de escenografía y vestuario: Nacho PolaRealización de vestuario: Efigenia Britos SalanuevaDiseño de iluminación: Matías SendónMúsica original: Mariano Pérez de VillaAsesoramiento coreográfico: Mayra BonardProducción ejecutiva: Yanina LeandraDiseño gráfico: Estudio Clara EzcurraFotografía: Juana GhersaPrensa: Duche & ZárateAsistente de dirección: Luciano PrietoEspacio Ecléctico, Humberto Primo 730, ciudad de Buenos Aires, teléfono 4307-1966, sábados a las 21:00, localidades $ 30.
Calificación: Buena

jueves, 15 de abril de 2010

El siguiente link te permite leer una crítica de Aureliano publicada en el
Blog NUESTROS ACTORES
por Pablo Lancone

martes, 30 de marzo de 2010

Entrevista en Pagina 12
Sábado 27 de marzo de 2010

TEATRO › ROMAN PODOLSKY, MARIANO PEREZ DE VILLA Y ROXANA BERCO HABLAN DE "AURELIANO"

Fragmentos de un discurso amoroso

"Aureliano", obra que puede verse los sábados en Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730).El título de la obra alude a un hombre a la vez presente y ausente. Pero Podolsky, como director, pone el foco en el punto de vista femenino para dar cuenta de los modos de relación entre varones y mujeres. “Hay otra forma de amar que no es la instituida”, dicen los actores.

Por Cecilia Hopkins
Año a año, el director Román Podolsky sigue construyendo piezas de cámara junto a actrices que lo convocan para desarrollar historias con acentos femeninos. La primera en buscar su colaboración fue Carolina Tejeda, con quien realizó la puesta de la multipremiada Harina, unipersonal que relata las vivencias de una panadera que vive en un pueblo soslayado del mundo desde que dejó de pasar el ferrocarril. Luego de esa experiencia fue Marta Pacamicci quien llamó al director para armar en conjunto el unipersonal Por supuesto, basado en la historia de una vendedora de panchos con inquietudes sociales, que ve frustrados sus deseos de hacer realidad su proyecto cultural. Nuevamente convocado, en este caso, por Roxana Berco, Podolsky volvió a frecuentar el punto de vista femenino en Aureliano, obra que puede verse los sábados en Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730).
Esta vez, luego de darse cuenta de que Berco buscaba desplegar un discurso acerca del amor, quiso ir más allá del formato unipersonal e incluir en el proyecto al actor y músico Mariano Pérez de Villa. A pesar de que en los ensayos ambos intérpretes produjeron textos, bailaron y cantaron, en el espectáculo resultante se escucha una sola voz, la de Berco, aunque los textos hayan surgido de ambos actores.
Aureliano es una obra hecha de pequeños relatos que encuentran su hilo conductor en el tema de un amor que se recuerda una y otra vez. El sujeto que sigue habitado por esa ausencia es una mujer en sus cuarenta y en trance de cambiar de domicilio. “En una situación de mudanza –opina el director en una entrevista con Página/12, junto a sus actores– se está abierto a revisar el pasado, a reencontrarse con fantasías y sueños.” Así, este personaje establece un diálogo que, sin dejar de ser una conversación íntima consigo misma, se despliega en simpático tono de complicidad hacia el espectador. El hombre, como dice el propio director, es “una presencia que es, a su vez, una ausencia”, porque ronda o evade a esta mujer que lo recuerda, desaparece inopinadamente de escena o, desde un piano, desgrana melodías destinadas a acompañar su soliloquio. Mientras que la música, la danza y esa presencia silenciosa habilitan en la obra dimensiones superpuestas, las microhistorias surgen del sereno discurso de la actriz, a partir de los pocos objetos que la rodean: una planta, unos vestidos, la cabeza de un maniquí.
Berco y Pérez de Villa coinciden con Podolsky en afirmar que es diferente el modo en que la palabra y la acción atraviesan a una mujer. “A diferencia del hombre –coincide el equipo–, la mujer tiene una relación abierta con la palabra, porque está abierta también a aquello que no puede decirse.” En este terreno de lo inefable, “el hombre solamente balbucea”, según señalan. Todo comenzó con la elección de algunas canciones que tendrían el sentido de abonar el clima de los primeros ensayos. Berco seleccionó unos temas de gran carga romántica, lo que fue definiendo el núcleo temático del espectáculo: “Apareció el tema del amor, pero no es ésta una historia que ilumina algo acerca del amor, sino que es el mismo sentimiento el que atraviesa a este personaje, iluminando su mundo”, detalla la actriz. Lo curioso es que muchos de los textos que dice su personaje se basan en experiencias vividas por el actor y que, sin embargo, parecen hablar acerca del universo femenino. Puestos en otra voz –dice Pérez de Villa–, la anécdota pasa a convertirse en relato y, al encarnarse en una mujer, se enriquece: al varón se le asigna la lógica causal, en cambio la mujer está más abierta a la contingencia”, concluye.

–¿De qué habla Aureliano?
Roxana Berco: –De que hay otra forma de amar que no es la instituida. Aquí se muestra un amor que insiste en aparecer en el pensamiento, sin tensiones. Un amor que no se vuelve posesivo, que va de aquí para allá.

–¿Creen que hay un cambio en el modo de relación entre hombres y mujeres?
R. B.: –Me parece que hay un cambio generacional. Unos años atrás estaba muy instalado en la mujer el discurso del enojo y la insatisfacción acerca del hombre. Me parece que hoy hay una mirada más amorosa hacia la figura masculina, que no pasa todo por el reproche.

jueves, 4 de marzo de 2010

2da. temporada
Mismo Lugar, Mismo día
pero
¡¡¡a las 21:00 hs.!!!!!

domingo, 3 de enero de 2010

Crítica
Revista Veintitrés

por Luis Mazas
10 de diciembre de 2009
(Hacé click en la nota para leerla)




lunes, 7 de diciembre de 2009

Entrevista a Roxana Berco
Miradas al Sur
Domingo 6 de Diciembre de 2009
(Hacé click en la nota para leerla)




viernes, 20 de noviembre de 2009

CRÍTICA
LAS 12-Página/12

Viernes, 20 de noviembre de 2009

TEATRO

Un vestido y un amor
Con la dirección de Román Podolsky y las actuaciones de Roxana Berco y Mariano Pérez de Villa, Aureliano explora la forma de construir el amor con mayúscula, entre pequeñas teorías y canciones.


Por Guadalupe Treibel

Aureliano, de Román Podolsky (Harina y Guardavidas), es una obra de microrrelatos que, tamizados desde el amor, describen el (in)consciente personal de Greta, una mujer en sus cuarenta que acaba de mudarse, de desplegar objetos que hablan y ayudan a construir, con delicadeza, la mirada de una llegada y una partida: el amor que fue y, de varias maneras, sigue siendo.
En la cadencia de las palabras que atrapan –acompañadas gestual y expresivamente por una Roxana Berco que se luce–, las historias mínimas y las pequeñas teorizaciones sobre una planta, un vestido (“Si está sufrido, hay que sacarlo a pasear para que olvide... Un día que no importe mucho salir con un vestido sufrido”), una flor, una montaña, las peluqueras o Paraguay (símbolo de traición) arman el rompecabezas de un sentimiento: el del amor, visto desde la mirada femenina, el desencanto y la pureza. Y, por qué no, la geografía.
Las frases –a priori, simples– esconden la complejidad del tiempo compartido, real o fantasioso: “Las plantas y las flores se chupan el sol. Y las nubes no existen”, define con agridulce sensación ella y pierde la inocencia recuperada y vuelta a regalar. “¡Canciones y caprichos!”, demanda “hambrienta”, a la espera de una señal. En sus propias palabras: “Hacer el amor en los mensajes. Y caer. Caer hacia arriba. En espiral. Una caída en subida. Sin gravedad. No detener nunca la caída. Hasta el próximo mensaje... Hasta que sobre el mensaje”.
Las impresiones de este “monólogo” –acompañado por la presencia “fantasmagórica” en piano y baile de Mariano Pérez de Villa, el silencioso Aureliano de Greta; más que una persona, un signo– juegan a dos que se buscan y se evaden, que se mueven en un espacio no-compartido, como si ambos estuvieran en distintos planos. De a dos pero desde una: desde Greta y su cadencia.
No por nada una cita de Roberto Juarroz “guió” la dramaturgia (cargo compartido por Podolsky, Berco y Pérez de Villa): “El poeta no tiene otra alternativa que inventar o crear otros mundos. La poesía crea realidad, no ficción. Afirmo que la poesía es realidad y para mí es la mayor realidad posible porque es la que cobra conciencia real de la infinitud”.
Así, los pasadizos visuales están armados desde el recuerdo (o la fantasía/realidad) de una mujer que amó y ama, que se entrega a lo “musical” gracias a las canciones de Aureliano y su piano, que juega desde la sonoridad de las palabras y, entre puntos apartes y comas, despliega lo fulminante del decir, del saber decir. De querer así, entre luces y sombras, palabras chinas, canción. Por y contra un baile “salvaje” que termina en pequeños quejidos de placer.
La puesta depurada también dice. Más allá del aislamiento, cada color, cada cosa, es un link pertinente y, entre una caja, una ventana, una soga, vestidos y cabezas de muñeca, Greta recuerda y pide y, entre los dos, “hacen andar el amor”. Si camina o renquea, eso es sapo de otro pozo. ¤


Aureliano: En Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730). Sábados a las 21.30. Duración: 60 minutos. Localidades: $ 30.Jubilados y estudiantes: $ 20.

sábado, 7 de noviembre de 2009

CRÍTICA

LA NACION
Espectáculos

Roxana Berco, voz de mujer
El director Román Podolsky, el mismo creador de Harina, presenta ahora Aureliano










Roxana Berco y Mariano Pérez de Villa, intérpretes y coautores de este atractivo montaje

Aureliano . Dramaturgia y dirección: Román Podolsky. Sobre textos de Berco, Pérez de Villa y Podolsky. Intérpretes: Roxana Berco y Mariano Pérez de Villa. Diseño de escenografía y vestuario: Alejandra Polito. Diseño de iluminación: Matías Sendón. Música original: Mariano Pérez de Villa. Asesoramiento coreográfico: Mayra Bonard. Asistente de dirección: Luciano Prieto. En Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730). Sábados, a las 21.30. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: buena

Una habitación muy grande y blanca. Sólo un colchón en el piso y una caja de cartón vacía. La luz se proyecta sobre el ambiente marcando unos rasgos inevitables de soledad. Una gran ventana puede resultar un escape posible. A veces eso sucede. Una mujer desanda unas breves historias. Son sólo rasgos de un mundo que intenta transmitir pero que, indefectiblemente, no parece querer completar.
De esos pequeños cuentos que narra puede ser su protagonista o tal vez no. Algo es seguro, ella habla de la condición femenina y lo hace con profundas resonancias. Será imposible no introducirse en esas líneas de relato, sentirse cerca de esa mujer, acompañarla en la escucha como una manera de contenerla de cerca.
Pero un hombre está muy próximo. Toca el piano de espaldas a ella y sólo se acercará a tomar contacto cuando una danza, casi violenta, demuestre que entre ellos algo puede compartirse. El momento es breve, como las apariciones del rostro de ese hombre que, por momentos, escapa por la ventana.


Interesante unipersonal
Aureliano es un material dramático fragmentado que provoca muchas sensaciones. Nos aproxima al mundo de una pareja pero sólo para escuchar a la mujer. El ritmo del espectáculo crecerá despacio, las palabras por momentos envolverán la atención y despertarán la sensibilidad.
Roxana Berco narra con mucha tranquilidad, buscando en su interior esas imágenes potentes que le posibiliten al espectador reconstruir, internamente, aquel mundo que menciona. El humor aparecerá en algunas situaciones y tendrá su riqueza.
La música de Mariano Perez de Villa y la iluminación de Matías Sendón resultarán elementos muy provocadores para que esa escena adquiera mayor trascendencia.
Como en otros unipersonales que ha dirigido, Román Podolsky se detiene en historias sencillas y en una búsqueda minuciosa a la hora de guiar la actuación. Una vez más, sus logros son muy atractivos.

Carlos Pacheco

viernes, 6 de noviembre de 2009

CRITICA

NUEVO PAIS
Revista Semanal Independiente
Año 1 – Número 13- Primera Semana de Noviembre 2009

"AURELIANO" UN VERDADERO DELEITE PARA LOS OJOS Y OÍDOS.
POR GERARDO BOVA

Tuve el enorme privilegio de presenciar el sábado 31 de octubre, la obra que presenta en el Espacio Ecléctico, Román Podolsky, sobre textos de Roxana Berco, Pérez de Villa y del mismo director.

“Aureliano”, su título, nos deja un mensaje de enormes alternativas con el buen libreto teatral. Un compendio del amor tratado en todas sus facetas, como algún otro colega lo subrayó perfectamente, donde se vislumbra las ganas, el deseo, el amor con sus frustraciones y contradicciones.

Una magistral puesta en escena y notable dirección de Podolsky, acrecentado aún con el brillante trabajo actoral de Roxana Berco.
Y bien cabe destacar que la obra tiene ribetes que pasan de la sencillez a la brillantez, con notable sentido de creación artística.

Recomendarla, es poco, tal vez una simple falta de respeto, casi diría que es una compromiso ineludible llegarse al cálido teatro de la calle Humberto 1ro y deleitarse en una noche de sábado. CALIFICACION DE 10 PUNTOS LARGOS

martes, 27 de octubre de 2009

CRÍTICA

Blog RESEÑAS
Por Carmen Pereyra
http://resenasdecineyvida.blogspot.com

Monologal. Las palabras en esta obra se lucen, y no por su forma sino por su fuerza: "arman y desarman", salen a borbotones de la boca de Roxana Berco (muy destacable actuación) con una espontaneidad pasmosa.

El discurso amoroso recorre sus tópicos: el engaño, el tiempo, la muerte, los celos, el temor a la soledad; y los cubre con el mismo barniz a pesar de expresar distintos tenores del lenguaje (algunos más serios, otros más banales). Pero claro: no es frivolidad, simplemente se trata de un soliloquio en tono confesional en el contexto de una ciudad donde una gran parte de la población puede decir más del psicoanálisis que del amor.

La puesta, por su parte, es impecable: la música, las luces, la utilización del espacio denotan extrema prolijidad.
Recomendable.

Dramaturgia: Román Podolsky
Dirección: Román Podolsky sobre textos de Berco, Pérez de Villa y Podolsky
Elenco: Roxana Berco, Mariano Pérez de Villa
Teatro: Teatro Ecléctico, Humberto Primo 730, reservas 4307-1966
Funciones: sábados 21:30 hs hasta el 31/10.
Localidades: $30 y $20.Publicado por Carmen Pereyra

sábado, 19 de septiembre de 2009


OPINIÓN

“AURELIANO”, DE ROMÁN PODOLSKY

Autoayuda para quienes no leen autoayuda
Por Diego Manso
19 de septiembre de 2009

Vamos a ver “Aureliano”, la nueva obra de Román Podolsky, para rejuntar las partes que sobrevivieron al desguace de nuestro corazón, astillas ahora de una más bien rústica mayólica. Pero tenemos presente el lema de los que acopian objetos diversos y son capaces de reconocer, por caso, entre un enjambre de desperdicios, la utilidad de un naipe huérfano de mazo. A eso vamos a ver “Aureliano”: a desentrañar el temperamento esotérico de las cosas que se quedaron guachas; esas que, así y todo, sobrevivieron para contar la historia y fundar cierta arqueología de la minucia sentimental. (Con mi amigo Andrés tenemos la misma costumbre, lo descubrí una tarde fisgando su escritorio: recoger de la calle los naipes abandonados. Cada uno tiene un significado, vaya a saber según qué tarot, aunque yo me animo a pensar que son señuelos, encarnaciones de una presunción a priori.) Por eso vamos a ver “Aureliano”: para reposar en la abulia de los objetos que quedaron como vestigio del desastre. Vamos a ver “Aureliano” porque también, como nuestros recuerdos, somos potiches condenados al fondo del cuarto de trastos. Sin embargo, alguien, pronto y con algún ímpetu luminoso sobre su dedo índice, nos descubrirá para gloria de un aparador. Todos somos vintage del amor, por eso vamos a ver“Aureliano”. Y vamos a ver “Aureliano” para matar la espera de un mensaje en la contemplación de otra espera. Uno baila cuando espera porque así resuelve el problema del espacio y porque, sabemos, una espera no es más que un espacio lleno de uno mismo: la banalidad del movimiento abrevia territorios planos. Entonces vamos a ver “Aureliano” para preguntarnos (y para contestarnos en la misma enunciación de la pregunta, no somos tan tontos) junto a esa actriz deslumbrante que es Roxana Berco, cómo saber de veras si algo está muerto o se acabó. Para preguntarnos, entonces, cómo hacer para enterrarlo ante la duda. “Aureliano” enuncia casi textualmente, la imposibilidad de cortar lazos. Y consuela mucho en tiempos donde, al parecer, descartar y reemplazar redunda en comodidad e higiene. Está todos los sábados, a las 21:30, en Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730). Sólo quería recomendárselas.

martes, 15 de septiembre de 2009

CRÍTICA

Teatro: Aureliano
Blog "Críticas y espectáculos"
por Joud Raad, 10 de septiembre de 2009.

"Aureliano" dirigida por Román Podolsky sobre textos de Berco, Pérez de Villa y Podolsky. Propuesta minimalista y muy funcional.

Podolsky vuelve a romper los esquemas con ésta puesta en escena logrando la atención inesperada del público y sumergiéndose permanentemente sobre los textos y monólogos de Roxana Berco.
Podolsky apuesta por una pieza que parece ser realista al comienzo, pero se torna subjetiva por medio de un relato que incluye una fuerte dosis de metáforas y textos de la vida que la alejan del tono connatural de la obra. Todos esos elementos propios enriquecen la puesta en escena acompañado con la escenografía sencilla y acertada; la entrada en el centro del escenario, un piano, un colchón, una caja grande, la cabeza de un maniquí y algunos adornos. Mientras que la música y la puesta de luces marcan y realzan una y otras escenas con expresividad.
Debemos aclarar que el concepto argumental que plantea es meritorio, ambicioso e igualmente difícil de concebir en la escritura. Tema que vincula un lado y el otro de la existencia propia del ser humano, que adquiere una connotación diferente al aplicar con éxito la fluidez necesaria en las escenas e incorporar ciertos elementos visuales de secuencias que destacan otras. Ahora bien debemos aclarar también que existe una mesura en el espacio escénico ya que los intérpretes logran muy bien enriquecerse de ellos. En la puesta nada es casual ni superfluo, cada gesto y cada desplazamiento de un cuerpo en el espacio de la escena, cada color, cada composición grupal y cada diversidad primorosa es un signo comunicativo elocuente que aprehendemos y una solución artística admirable, hermosa, elaborada con minuciosidad y cargada de sentido.
La efectividad del texto no sólo provoca identificarse con la única sufriente en escena, sino que permite a la actriz mostrar sus potencialidades a través del ejercicio que, para mí, es el monólogo. Es indiscutible que la soledad del monologuista lo obliga a llenar el espacio a partir de sí mismo, pero el hecho de no contar con interlocutores hacen que la acción, también, le pertenezca en exclusiva, evitando el desarrollo del conflicto. Sin embargo, ¿existe una estructura dramática más adecuada para reafirmar el aislamiento de esta mujer?.
La obra logra emocionar, logra sumergirnos de manera constante y ello acompañado con la gran actriz hace de éste espectáculo un buen desempeño artístico tanto intelectual como expresivo. Recomendable.

Calificación: Buena
Crítica: Joud Raad

http://criticasespectaculos.blogspot.com/

viernes, 11 de septiembre de 2009

CRÍTICA

Clarín
TEATRO
11 de septiembre de 2009


Itinerario del alma femenina
La nueva obra de Román Podolsky se titula "Aureliano", donde frecuenta, como en "Harina", algunas teorías sobre el universo de la mujer. Un notable trabajo de Roxana Berco.

Por: Laura Gentile

Aunque lleva por título un nombre de varón, se podría decir que Aureliano (dirigida por Román Podolsky y protagonizada por Roxana Berco) es una obra de chicas. Como el color rosa. Una obra que invita a entrar a una cajita donde está una mujer que cuenta su mundo.Después de haber llevado a escena Por su puesto ¿unipersonal protagonizado por Marta Pacamicci¿, Román Podolsky vuelve a lo logrado con la encantadora Harina (2005): una obra pequeña pero intensa, plagada de momentos sensibles. Posibilitando, así, entrever una especialización para el director: la de dramaturgo serial de mujeres. Como si estuviera armando una futura colección exquisita, un muestrario de mundos femeninos. Como en Harina (protagonizada por Carolina Tejeda) en este caso el hallazgo, lo que encanta, la flor, es la actriz. Los tonos, los acentos, las miradas, todo en Roxana Berco (hija de la recordada Susana Campos) resulta graciosamente elocuente. Y puede ser triste también. Siempre, ricamente expresivo. Sola allí, con sus modos y maneras, logra mantener la atención, encantar al espectador con sus cuentos y teorías.Porque Aureliano está plagada de teorías, no grandilocuentes pero sí interesantes, sobre la vida: la de los vestidos y sus energías ("si tiene tristeza, un día que no importe tanto hay que sacarlo a pasear", aconsejará en un tramo la protagonista de la obra). Otra teoría: lo inoportuno de ciertos pensamientos para subir hasta una cima. Una más: la de las palabras que desean. La de la belleza apabullante de ciertas mujeres. Reinas que se esconden en cualquier profesión. ("Mi peluquera es muuuy linda...", dirá, en otro momento, como quien se dispone a hablar de algo muy serio). Esa belleza definitiva que genera envidia en quien lo la tiene. Las bellas, se sabe, son las otras pero yo también tengo hambre. "Hambrientas ellas y hambrientas yo", agregará como grito auto validador. También están allí, en escena, las ganas, los deseos, el amor, la frustración. El encuentro con el hombre y, por cierto, el desencuentro, la espera.El hombre en Aureliano está presente como ausencia o recuerdo. De hecho está todo el tiempo en escena, toca prodigiosamente el piano, baila descontroladamente el chamamé, y hasta la mira hacer a ella en una escucha comprometida y tierna, efectivamente lograda por Mariano Pérez de Villa, psicólogo y danzaterapeuta que también es compositor de la música original.Hay una tercera presencia, geográfica, mitológica, quizás. Paraguay campea en la obra como ícono del calor erótico, de lo seductor, de lo que arde y arrebata, incluso de la posibilidad de traición y perdición ("el marido de una amiga mía la dejó para irse a Paraguay").Por último, la original escenografía de Alejandra Polito y la iluminación de Matías Sendón resultan clave para potenciar el clima de esta obra delicada.«


http://www.clarin.com/diario/2009/09/11/espectaculos/c-01996222.htm

viernes, 28 de agosto de 2009


Fotos de Juana Ghersa, 24 de agosto, a pocos días del estreno

viernes, 7 de agosto de 2009

Aureliano
El amor habla



Artículo publicado en la edición de agosto de la revista Mutis x el Foro
www.mutisxelforo.com.ar

Conozco a Roxana Berco desde hace años, pero hacía tiempo que no nos veíamos.
Nos volvimos a encontrar el año pasado, cuando ella vino a ver Guardavidas. Al poco tiempo me llamó para explorar la posibilidad de hacer algo juntos y quedamos en encontrarnos.

En sucesivas reuniones escuché sus ideas y le conté el tipo de búsqueda que me interesa producir con los actores, mi intención de hallar en lo que dicen aquello que sorprende y que deja ver la singularidad de su personalidad. Cualquiera fuera la temática que acordáramos -le decía- lo que me importaba era que el trabajo quedara impregnado de su subjetividad, de su particular mirada, en diálogo con la mía. Seguimos hablando todavía un poco más hasta que surgió la cuestión del amor y allí nos dejamos de hablar y comenzamos a escuchar lo que este tema tenía para decirnos.

Porque el amor habla. Es una declaración de lo que le falta a quien la hace. Al hablar, el amor pide.

Todos lo sabemos, lo hemos comprobado en carne propia. Con cortesía o a los gritos, con cautela o desmesura, el amor pide. Y lo primero que nos pidió cuando nos pusimos a escucharlo fue un compañero de escena para Roxana.

Ella conocía a Mariano Pérez de Villa, un actor que además toca el piano y baila muy bien. Lo convocamos, se interesó rápidamente y ya éramos tres los sujetos del discurso amoroso.

Empezamos a improvisar. Ellos movían sus cuerpos y hablaban y yo tomaba notas. Escribía lo que iban diciendo en la escena, pero también lo que decían después, al reflexionar sobre lo que habían hecho. Muchas veces los mejores dichos surgieron de esos momentos en los que la ficción se estiraba más allá de las improvisaciones, se instalaba entre nosotros y ya no quedaba muy claro - ni importaba- si los que hablaban eran las personas o los personajes.

Así pasamos unos cuantos meses, extrayendo imágenes, textos y situaciones posibles. Estas “postales del viaje” eran cuidadosamente atesoradas en la memoria grupal hasta que decidiéramos qué hacer con ellas. Fue por esa época que Luciano Prieto y Yanina Leandra se sumaron al trabajo, el primero como asistente de dirección y la segunda como productora ejecutiva.

Ya consolidado el equipo y con material suficiente, nos abocamos a encontrarle la estructura al espectáculo. Habíamos estado trabajando sin fijarle a la acción un tiempo y un lugar determinados, ni siquiera un vínculo específico entre los protagonistas. Confiábamos en que el discurso amoroso iría estableciendo su propia forma, su tono y sus matices particulares. No queríamos forzar un orden desde afuera; éste debía presentarse ante nosotros con la evidencia de lo que es inherente al proceso mismo.

Y así, en un momento determinado, descubrimos que el personaje de Roxana (Greta) y el de Mariano (Aureliano) no estaban ubicados en un mismo plano de realidad, sino que mientras ella estaría presente, en relación directa con el público, él sería más inasible, como el signo de una ausencia que podía ser tanto recuerdo como fantasía, si es que recuerdo y fantasía pueden aislarse en estos casos.

Para reforzar esta idea, decidimos que Aureliano no iba a hablar. Su silencio encarnaría el vacío. Sería el contrapunto de las palabras que el amor le haría decir a Greta.

Más tarde apareció con nitidez el espacio en el que transcurriría la acción: un departamento casi vacío, de donde Greta, al comenzar la acción, está terminando de mudarse. Un espacio donde ya nada es lo que era y en el que su inevitable mutación permite vislumbrar ahora un vacío inexorable.

En este departamento, sólo unos pocos objetos quedan esparcidos por allí. Cosas sin lugar, mitad recuerdo, mitad olvido. Y entre ellas, Aureliano, su piano, su música, su silencio.

En este espacio Greta se arroja a un improbable encuentro con Aureliano, motivada por el entusiasmo inagotable de su amor imperecedero. En lugar de estancarse en el sentimentalismo, la queja o la melancolía, ella busca hacer algo con ese vacío, lo bordea con palabras y acciones, juega con él. Y en ese juego va surgiendo de la nada lo nuevo, de lo esperado lo contingente. De la ausencia, Aureliano.

Convocamos a Alejandra Polito para diseñar el espacio y a Matías Sendón para iluminarlo. Ellos asistieron a algunos ensayos y nos pusimos de acuerdo en los criterios que guiarían su trabajo. Pero cuando finalmente llegamos al teatro donde finalmente estrenaremos (el Espacio Ecléctico, en San Telmo) surgieron las clásicas dificultades de adaptación a un espacio muy diferente al que estábamos acostumbrados. Como sucede en la mayoría de los casos, tuvimos que atravesar una etapa en la que los logros parciales producidos en la intimidad de la sala de ensayo se disuelven como espuma y pareciera que nada de todo lo hallado hasta el momento podrá recuperarse.

Por cierto, esos momentos también pasan y una vez concluida esa etapa de incertidumbre se tiene la sensación de haber franqueado la aridez del desierto o la inmovilidad de un pantano. Pareciera que es condición de la creación artística el hecho de que no hay obra sin el atravesamiento de alguna hostil geografía.

Hasta que en un ensayo el espacio finalmente se organizó, las acciones volvieron a acomodarse, los textos recuperaron su musicalidad y sus variados sentidos y la obra volvió a funcionar, encontrando su forma definitiva.

Quiero cerrar este racconto mencionando a algunos colaboradores que se sumaron sobre el final del proceso. En primer lugar, Mayra Bonard que aportó su mirada para asesorarnos en algunas escenas que tienen al movimiento y al lenguaje de los cuerpos como protagonistas. También Clara Ezcurra y su equipo de diseñadoras gráficas, que le dieron al proyecto su imagen pública. A Juana Ghersa que hizo las fotografías y a Walter Duche y Alejandro Zárate que ya están por estos días ocupándose de la difusión de Aureliano con la capacidad y el cariño acostumbrados.

Ahora sólo nos resta estrenar.
Ojalá que a ustedes los haga hablar.

Román Podolsky

domingo, 2 de agosto de 2009

Roxana, Mariano, Román y Luciano en un ensayo el día que vino Vero Alocati y sacó esta foto